
Para vosotros, manipuladores y desmemoriados intencionados, la noticia, el titular es que “El antiguo Ambulatorio comienza a prestar servicios el próximo lunes y que a partir de ahora se denomina Cayetano Roldán en honor al médico isleño, dedicado sobre todo a atender a los más necesitados”.
Para empezar, se os debería caer la cara de vergüenza al inaugurar a “bombo y platillo” unos servicios que llevamos esperando varios años y que por vuestra desidia y falta de interés se ha demorado, en obras, más años de los necesarios y que ahora os urgía su puesta a punto por la cercanía de las elecciones y para tener otro argumento que vender en los panfletos electorales.
En la misma época en que Don Cayetano ejercía la profesión “dedicado a atender a los más necesitados” existieron muchos como el, que desinteresadamente hicieron honor al juramento hipocrático, visitando a los enfermos en sus domicilios sin cobrarles ni un céntimo y encima les dejaban dos reales para que compraran un poco de leche…
Pero a Don Cayetano no lo asesinaron por sus cualidades como medico y humanista, ni le mataron a sus tres hijos por ser una bellísima persona, ni le saquearon su casa a punta de pistola por regalar unos céntimos para que sus enfermos pudieran comprar leche, lo fusilaron por que era nuestro alcalde y por que fue republicano y aún sigue enterrado junto con las balas asesinas en la fosa común del cementerio, con las flores de plástico usadas y maltratadas por el sol y el levante, sin una placa, sin ningún reconocimiento, solo una pequeña cruz de mármol con sus iniciales.
Los isleños e isleñas no olvidamos porque aunque por nuestra edad no vivimos las atrocidades franquistas, nuestros padres y abuelos nos han transmitido su memoria, su legado, silenciado por la oficialidad y los herederos de los golpistas, y sobre todo su necesidad de verdad, justicia y reparación.
Esta treintañera que os escribe, sabe que Don Cayetano fue un buen medico y mejor alcalde y persona de incuestionables meritos personales, pero también sabe que fue encarcelado, torturado, que le mataron a sus hijos y que le saquearon su casa por ser el máximo representante de un ayuntamiento democrático y republicano y también sabe que mientras sus restos siguen amontonados con otros muchos en una fosa común, sus asesinos siguen presidiendo a caballo la plaza del ayuntamiento en el que el fue alcalde, sus asesinos siguen siendo reconocidos como hijos predilectos, y que los matones que le arrancaron la vida a sus hijos siguen gozando de honores y placas en las calles isleñas.
Pues eso, que ya era hora de que entrara en funcionamiento el remodelado ambulatorio, y que muy bien por el nombre de Cayetano Roldan, pero aunque queráis desdibujar y ocultar los motivos de su muerte y su condición de alcalde en otra nueva fosa, sabed que los isleños e isleñas tenemos Memoria.
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Desvergüenza, ignorancia, falta de profesionalidad
Don Cayetano Roldán Moreno fue un médico y político republicano isleño. Como galeno, cuenta José Casado Montado en su libro "Trigo Tronzado", se ganó el afecto de la población, ya que atendía altruistamente a las personas que no podían permitirse pagar sus servicios (incluso llegaba a facilitarles dinero para su alimentación). Esa misma sensibilidad y compromiso social que demostraba en el ejercicio de su profesión lo trasvasó también a su actividad política. Militó primeramente en el PSOE, ocupando un cargo importante en la ejecutiva local y fue también concejal bajo esas siglas. A la postre abandonó el PSOE y pasó a militar en Izquierda Republicana (IR), llegando a ser alcalde de la ciudad.
Aunque su permanencia en la alcaldía fue breve a causa del golpe militar del 36, bajo su mandato se impulsó la enseñanza pública, la creación de empleo y la asistencia social. Por órdenes del golpista local Ricardo Olivera Manzorro, el alcalde Roldán y los concejales de los partidos de izquierda son retenidos en el Ayuntamiento y encarcelados en condiciones infrahumanas en los calabozos de la Casa Consistorial, a la espera de ser fusilados. Mientras permanecía recluido, sus tres hijos varones (el más joven aún era menor de edad) fueron asesinados por los fascistas. A los pocos meses del golpe de Estado, los falangistas acabaron con la vida de este hombre de bien en las tapias de nuestro cementerio local. Sus restos yacen en la fosa común que aún subsiste. A él y a sus hijos los condenarían por "rojos y masones".
Salud y República,
Juan Luis Martínez Muñoz-Cruzado